Cigarrillos y elasticidad precio-demanda

El concepto de elasticidad es uno de los más relevantes en la teoría económica. Una de las frases que más resalto acerca del tema es la que me brindó uno de mis profesores durante la carrera, Guillermo Cruces: “en economía toda discusión es, al fin de cuentas, una discusión sobre elasticidad”. Repasemos el concepto brevemente.

Si googleamos una de las primeras definiciones que encontramos es la que la define como la “propiedad de un cuerpo sólido para recuperar su forma cuando cesa la fuerza que la altera”. El concepto fue tomado por Alfred  Marshall, economista clave dentro de cualquier curso de historia del pensamiento económico, para definir el cambio que experimenta una variable al variar otra. Traducción, por favor.

Existen distintos tipos de ella. La que nos interesa hoy es la elasticidad precio-demanda, que estima el cambio que se va a producir en las cantidades demandadas cuando el precio varíe en alguna dirección. Cuanto mayor es el cambio de una cantidad demandada u ofrecida frente a cambios en los precios, se dice que es mayor la elasticidad precio-demanda. Así, la cantidad es “elástica”, es sensible, cambia su forma significativamente ante los cambios en las fuerzas que la determinan (en este caso, la cantidad cambia según varíen los precios).

En contraposición, puede suceder que una demanda sea inelástica. Es decir, cambian los precios, pero las cantidades que se demandan de ese bien no se alteran demasiado. Por ejemplo, si yo necesito sí o sí un medicamento, se dice que mi demanda con respecto a ese bien es inelástica: me pueden subir el precio todo lo que quieran que yo voy a consumir ese medicamento, porque lo necesito.

Cuando la demanda de un bien es inelástica (y el oferente lo sabe), es un muy sencillo trasladar la cargar impositiva o la suba de costos de producción al precio final: si al vendedor le introducen un impuesto a su producción, este sabe que puede trasladar en su gran mayoría la carga del impuesto al precio final, dado que no va a vender mucho menos (o lo mismo que antes si la demanda es perfectamente inelástica).

La inelasticidad se va a producir cuando sea un bien necesario a toda costa, u obligatorio o cuando no exista un bien sustituto que pueda reemplazar al bien en cuestión en caso de aumentos.

En pocas palabras, la parte más inelástica tiene menor poder. Si los empresarios saben que bajando los precios los empleados no se van a enojar, pueden afrontar sin complicaciones ajustes salariales. Si mi pareja sabe que yo no me voy a enojar ante un cambio de planes a última hora, es más probable que lo tienda a hacer. Si llamamos con mis amigos a un delivery de alcohol después de las diez de la noche éste sabe que nosotros no tenemos cómo conseguir y que queremos tomar. Nos va a cobrar cualquier precio por una cerveza de litro, y la vamos a comprar. El que vende botellas de agua en los recitales sabe que la puede vender a cuarenta pesos que, nosotros, los eventuales compradores que tenemos la garganta seca y no paramos de transpirar, se la vamos a abonar.

No obstante, surgen casos interesantes, donde la elasticidad puede llegar a tener un límite. Uno de los ejemplos que les brindaba a mis alumnos de introducción a la economía sobre bienes inelásticos eran las adicciones, en particular, los cigarrillos. ¿Por qué las tabacaleras cada vez que tenían nuevos impuestos a la producción aumentaban el precio de los puchos? Porque sabían que los fumadores iban a seguir comprando dado que no pueden dejar de consumirlos.

El ejemplo estaba validado por diversos aumentos que se habían sucedido en los años previos. Por esta razón, para un gobierno es muy difícil llevar adelante una política que desincentive el consumo de tabaco a través de un aumento en los precios puesto que es una demanda inelástica.

No obstante, la (in) elasticidad pareció alcanzar un tope. A principios de mayo se les introdujo a las empresas productoras de cigarrillos una fuerte alza en los impuestos a la producción. A los días siguientes, el aumento del 60% se trasladó al precio final de cada atado y nuevamente el ejemplo cumplía.

Sin embargo, pocos días después, nos encontramos que las empresas tuvieron que bajar el precio de los cigarrillos hasta un 5%, lo que por ahí no se refleja en grandes variaciones a simple vista para el consumidor final, pero que sí constituye una gran reducción de ingresos para las firmas. También se comenzó a conocer a más fumadores que se pasaron a los tabacos armados (existencia de un bien sustituto) y algunos ajustaron las cantidades consumidas (algunos, pero los suficientes para asustar a las empresas en cuestión). La inelasticidad no era infinita.

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