El Guasón, la función de utilidad y la economía del comportamiento

El Guasón tiene todo planeado con lujo de detalle y precisión. Conoció en un curso de teoría de juegos el dilema de prisionero y quiere aplicar su versión a dos barcos que navegan con todas sus butacas ocupadas. En uno viajan familias y civiles y en el otro se trasladan presos. Les avisa a los dos ferries, a las once y media de la noche, que ambos tienen instalados una bomba que se activa con un control remoto.

El dilema yace en que el control remoto que tienen los presos es el que activa la bomba de los civiles y viceversa. El guasón les advierte que va a volar a los dos barcos en media hora a menos que uno de los bandos haga explotar al otro grupo antes, en cuyo caso los sobrevivientes podrán descansar en paz.

El modelaje de este juego se basaría en identificar que los dos grupos tienen dos estrategias posibles para realizar: apretar el botón o no hacerlo.

La escena relatada corresponde al último tramo de una de las entregas de Christopher Nolan, Batman: El caballero de la noche, creo incluso que la mejor de la trilogía.

El guasón está seguro de que uno de los dos barcos va a apretar el botón porque así lo indica la teoría si se supone que todos los individuos son racionales y que sobrevivir es mejor que morir.

batmanelcaballerodelanoche2

Desde el surgimiento de los marginalistas (Jevons, Menger, Walras) se comenzó a pensar a la economía como un sistema en donde agentes maximizan utilidades. Marshall afiló el análisis y desde allí la metodología convencional y neoclásica trata, desde la micro y macroeconomía, con maximizaciones de funciones de utilidad.

La idea es muy simple. Cada individuo tiene placeres, satisfacciones y también puede sentir rechazo o malestar por ciertas actividades. La función de utilidad intenta medir la felicidad que reporta cierto consumo o cierta acción. Lo que intentan hacer los individuos, de manera explícita o implícita, es llevar esa felicidad a su máximo, de allí que los problemas son de “maximización de utilidad”.

En un juego, como el dilema de los barcos que estamos intentando analizar, las personas tenderían a elegir aquella acción que les reporte más utilidad. Una función de utilidad que mide el bienestar de vivir es mayor a una que tiene el de morir, piensa el Guasón, por lo que es obvio que todas las personas de ambos barcos van a optar por apretar el botón. Pensemos un segundo este razonamiento.

No importa en qué barco esté, si yo pretendo vivir, sé que si no aprieto el botón voy a morir, ya sea o porque los del otro barco optan por activar la bomba de mi bote o porque pasa la media hora y el Guasón vuela a las dos embarcaciones. Por lo tanto, la mejor estrategia que puedo elegir es la de utilizar el control remoto y este es un razonamiento que se extendería a todas las personas, lo que llevaría a que ambos barcos intentarían hacer explotar al otro.

Y sin embargo en la película no sucede (perdón por el spoiler pero fue necesario). Uno tendería a creer que no es creíble el resultado y que es producto de la toma de decisiones por parte de seres irracionales. La escena, por su parte, hace hincapié en una supuesta moral de todas las personas y eso es lo que han utilizado distintas publicaciones para explicar que todos los que participan están siendo racionales dado que maximizan una función que no solo posee la utilidad de vivir sino también la de actuar bien moralmente, por lo que no apretar pasaría a ser la mejor decisión a tomar.

El Guasón había diseñado a la perfección su experimento social. Tenía todos los condimentos y había deducido que el Equilibrio de Nash estaba en que ambos bandos eligieran apretar el botón rojo. No obstante, no tuvo en cuenta que en su experimento interactuaban seres humanos que responden de manera imprevisible ante distintas situaciones. No tuvo en cuenta que en la función de utilidad podía haber algo más que “vivir” o tal vez sobrevivir es preferible siempre y cuando no sea uno el que tenga que activar la bomba de los demás, lo que generaría una culpa de por vida insostenible.

En esta nota ya se había deslizado la idea de que al parecer en algunas situaciones no maximizamos bien o podemos llegar a tener algo más en la función de utilidad que satisfacción personal. Es por estas cuestiones que se ha ido desarrollando una disciplina llamada “economía del comportamiento” dedicada a estudiar con mayor precisión estos asuntos. Además de los casos mencionados, a veces sucede que tenemos una interpretación sesgada de los hechos que nos lleva a cálculos erróneos en nuestro intento por tener más satisfacción.

Dicho esto se puede afirmar con seguridad que el Guasón, si tuviera la opción de elegir algún curso en el futuro, debería inclinarse por uno de economía del comportamiento.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.