El tío Óscar y su probabilidad condicional*

El 26 de febrero se celebrará otra edición, la 89° desde su primera ceremonia en 1929, de los Premios Óscar (también llamados Premios de la Academia), encargados de reconocer a través de la decisión de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos a los mejores profesionales de la industria en diversos rubros, como actuación, dirección, sonido, fotografía, entre otros.

Como es habitual, treinta días antes se presentan a los nominados para cada estatuilla y, como sucede con el Mundial de Fútbol, los Premios Nobel o las elecciones, no faltan las apuestas, los favoritos ni las predicciones.

En teoría, esta institución tiene como objetivo premiar a los mejores de cada categoría. Es decir, se busca que el Óscar a la “Mejor actriz protagonista” se le conceda a la mujer que mejor performance y actuación haya tenido en alguna de los filmes recientes.

Si uno quisiera salir primero en el prode sobre los Óscars que me tiene como participante por tercer año consecutivo tal vez la mejor estrategia sea mirar todas las películas y, recurriendo a la experiencia y/o los conocimientos que uno haya adquirido en tardes enteras de películas, reflexionar acerca de cuál es el mejor largometraje de todos los nominados para, por ejemplo, la categoría principal (“Mejor película”). Es decir, jugaríamos a ser uno de los que tienen que decidir.

No obstante, esto bien podría ser una mala e ineficaz alternativa. Si bien el jurado estaría conformado por supuestos “expertos” que podrían generar la medida más objetiva posible para evaluar y comparar a las distintas opciones probablemente la mejor táctica para apostar tenga que ver con otras cuestiones. Tal vez existen ciertas condiciones que generan que una película tenga más chances que otra independientemente de que exista un amplio consenso de que la segunda sea mucho mejor que la primera.

¿Es casualidad que las dos películas argentinas ganadoras del premio “Mejor película de habla no inglesa” hayan tenido referencia explícita a la última dictadura cívico-militar del país? ¿Un papel protagónico que se caracterice por cambios de personalidad o la representación de una enfermedad grave aumentan las chances de ganar?

En los distintos puntos mencionados hasta aquí comenzó a asomar un concepto central de la estadística: la probabilidad condicional. Este término hace referencia a la probabilidad de que suceda cierto evento condicional a otro hecho o probabilidad, o en otras palabras, que se dé un resultado dado que sucedió o se encuentra vigente otra cuestión. Por ejemplo, la probabilidad de aprobar un examen dado que estudiamos es diferente a la probabilidad de aprobar dado que no estudiamos nada (supongamos que está bien diseñado el examen).

Si tiro una moneda dos veces existen cuatro escenarios posibles inicialmente: cara-cara; cara-ceca; ceca-cara; ceca-ceca. Se podría formular entonces que la probabilidad de obtener cara-cara es igual a ¼ antes de comenzar (el 25% de las veces que haga el experimento obtendré ese resultado). No obstante, la probabilidad de obtener cara dado que salió cara anteriormente es ½ (un medio). No importa lo que salió antes, son eventos independientes; son eventos cuyas probabilidades no tienen nada que ver. Cuando tiro una moneda no importa qué salió antes que siempre las probabilidades serán del 50% para cada uno de los lados.

Con respecto a nuestro tema, existen ciertas particularidades que distinguen a las decisiones tomadas por “La Academia”. Pareciera ser que cuando una película está basada en hechos reales o hace referencia a algún evento sensible para la historia estadounidense (Segunda Guerra Mundial, Guerra de Vietnam, primeros años de Hollywood, etc) es más probable que el jurado se incline por ella.

Por otra parte, a diferencia de lo que sucede con las monedas, las premiaciones de año tras año parecieran tener alguna relación (esto es, las decisiones no son independientes de las realizadas en la edición anterior).

¿Si en un año se premió como mejor película y mejor guion a un film del género musical, qué chances hay de que lo vuelvan a hacer al año siguiente?

Esta lógica también puede fallar: el premio a mejor director entregado a Alejandro González Inárritu en el 2015 era el argumento empleado por muchos para afirmar que no lo iba a volver a ganar en el 2016. Por otra parte, el amor de la Academia por Iñárritu  (de conocimiento público) hacía a otros creer que sí lo iba a ganar.

Podríamos decir que los primeros afirmaban que la probabilidad de que ganara el mexicano condicional a que ya había ganado el año pasado era cercana a cero, mientras que los segundos aseguraban que la probabilidad de que ganara condicional al amor y cariño que le tienen en Hollywood era muy alta y cercana a uno.

A fin de cuentas, podríamos resumir lo enunciado hasta aquí de la siguiente manera: en primer lugar, para acertar quién va a ganar no hace falta tener conocimientos técnicos ni avanzados sobre cómo se realiza una película, se maneja el sonido o se interpreta a un personaje, sino que hay que tener en cuenta las probabilidades condicionales.  Sin embargo, conocer esto no trae consigo una receta mágica: hay que conocer qué probabilidades condicionales ponderar más y cuáles menos.

Como nos mencionaba este año Walter Sosa Escudero en una charla de pasillo días previos a la entrega del Nobel en Economía, existían varias razones para pensar que los aportes de Oliver Blanchard en el campo de la macroeconomía le bastaban para hacerse del premio. No obstante, dado que la macroeconomía está en jaque por su poca capacidad predictiva y por no haber sido capaz de explicar las grandes y dañinas fluctuaciones que se dieron desde el 2008, ¿estarían dispuestos a darle uno de los mayores reconocimientos en economía a un especialista en esta cuestionada rama de la disciplina? Nunca vamos a saber si esta fue la pregunta que se formularon en Suecia pero de lo que estamos seguros es que finalmente Blanchard no obtuvo el premio y que el interrogante sirvió como pronóstico.

En definitiva, más que intentar predecir cuál es la mejor película lo que hay que descubrir son los eventos sobre los cuáles condicionar. El resto es puro blá blá, o mejor dicho, La La.

 

 

 

 

*Como se menciona en el texto, muchas de las ideas aquí mencionadas se derivan de lo discutido con Walter Sosa Escudero sobre el Premio Nobel. Existen numerosas similitudes entre los argumentos formulados por el economista para esa premiación y los aquí expuestos, por lo que el contenido no es de mi exclusiva autoría.

 

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