¿Publicar o no los precios en internet?

Una práctica que se suele observar en páginas donde la gente puede compartir y promocionar los productos que ofrecen es la de no publicar el precio. Es decir, si uno quiere saber cuánto vale ese bien debe “preguntar por privado”.

¿Por qué el vendedor decide hacer esto? ¿Qué ventajas tiene? ¿Tiene sentido? ¿No sería más cómodo y ahorraría costos de transacción que el precio sea de conocimiento público?

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Identificar causalidad (I)

El principal problema de los estudios de causalidad reside en la búsqueda de un contra-factual. Es decir, si queremos analizar el impacto de los años de educación de una persona en su salario, lo ideal sería tener a una persona con tantos años de educación y a la misma persona con otro nivel de educación.

De esta manera tendríamos que las características de las personas son idénticas en todo sentido salvo en educación. Sin embargo, esto no es posible por definición.

Una vez que yo me educo no hay vuelta atrás. Por eso, cuando se busca estimar el efecto de algo (una política pública, una decisión personal, etc) se trata de “tener a mano” un contra-factual, un “qué hubiera pasado si”.

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Una mente brillante y la ausencia de equilibrio: ¿y quién se queda con la rubia?

Una mente brillante (“a beautiful mind” en su título original) es una película que retrata la vida del Premio Nobel en Economía en 1994 John Forbes Nash.

Más allá de las exageraciones relacionadas a su enfermedad o de algunas imprecisiones sobre sus datos biográficos, el largometraje tiene una famosa escena que se desarrolla en un bar y que intenta explicar de dónde surge uno de los principales conceptos de la economía.

Nash y sus cuatro amigos están pasando una noche más en el bar al que habitúan asistir. De repente, un grupo de cinco mujeres interrumpe la escena, donde se destaca una de ellas por encima del resto (de ahora en más, “la rubia”).

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Agentes racionales y maximización de utilidad: el caso del Juego del Ultimátum.

Los modelos económicos estándar suponen que los agentes son racionales y que maximizan las funciones de utilidad. Es decir, si yo tengo para consumir una cierta cantidad de bienes, dadas mis preferencias, los precios y el dinero disponible, voy a elegir la canasta de consumo que me haga más feliz (es decir, aquella que contenga más asados y menos dentista).

Los agentes económicos (o sea, vos, tu tía, el chico de la parada del bondi que te encantó, entre otros) estarían enfrentando todo el tiempo problemas de maximización de utilidad, donde se optaría por aquello que nos reporte mayor bienestar y felicidad según lo que esté disponible. En esta lógica entra una concepción polémica: somos egoístas – somos el homo economicus.

¿O sea que no nos importa nada lo que le pase al otro? No tan rápido, teoría económica.

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Cigarrillos y elasticidad precio-demanda

El concepto de elasticidad es uno de los más relevantes en la teoría económica. Una de las frases que más resalto acerca del tema es la que me brindó uno de mis profesores durante la carrera, Guillermo Cruces: “en economía toda discusión es, al fin de cuentas, una discusión sobre elasticidad”. Repasemos el concepto brevemente.

Si googleamos una de las primeras definiciones que encontramos es la que la define como la “propiedad de un cuerpo sólido para recuperar su forma cuando cesa la fuerza que la altera”. El concepto fue tomado por Alfred  Marshall, economista clave dentro de cualquier curso de historia del pensamiento económico, para definir el cambio que experimenta una variable al variar otra. Traducción, por favor.
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Correlación no es causalidad

Una de las diferencias que más me gusta resaltar es la que existe entre causalidad y correlación. ¿Cómo es esto? Allá vamos:

Para este ejemplo tomemos como lugar un campo y prestemos atención al gallo. Una “interesante” tarea podría ser anotar en un cuaderno la hora en la cada día canta el gallo y aparece el sol. Repitamos el ejercicio por un determinado período, digamos, un mes.

Si no me mintieron de chico deberíamos observar que cada vez que canta el gallo aparece el sol (nunca lo comprobé, pero supongamos que sí). He aquí un gran hallazgo: el canto del gallo provoca la salida del sol. ¿No? ¿El sol sale por otra cosa?

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