Tiffany y el sesgo de confirmación

En Silver Linings playbook (D. Russell, 2012), o “El lado bueno de las cosas” en su título hispanoamericano, el protagonista principal, Pat Solitano (Bradley Cooper), tiene un padre (Robert De Niro) que se vicia con las apuestas deportivas y construye alrededor de ellas todo tipo de supersticiones. Está convencido, por ejemplo, de que cada vez que su hijo se sienta a mirar los partidos de fútbol norteamericano el equipo por el que apostó tiene una buena perfomance.

Por otra parte, la vida complicada de Pat desde el punto de vista tanto emocional como psicológico deriva en una relación de ayuda mutua con Tiffany (Jennifer Lawrence), donde a cambio de recibir ayuda para “recuperar” el amor de su (ex) esposa él acuerda ser su compañero de baile para una competencia de estilo libre. Lejos de ser el problema central de la película, el acuerdo deriva en reproches por parte del padre de Pat, quién cree fervientemente que a causa de las constantes ausencias diarias de su hijo su equipo comienza a perder todos los partidos.

En la escena recortada del largometraje tenemos la siguiente situación. Pat había acordado reunirse con Tiffany para un ensayo, sin embargo, a causa de los eternos pedidos de su padre, accede a ir al partido en vivo para que éste pueda ganar una significativa cantidad de dinero. Por cuestiones ajenas a la mujer, el protagonista no llega a ingresar al estadio dado que se ve involucrado, debido a sus impulsos y poca capacidad de autocontrol, en una pelea en los alrededores del lugar de destino.

En el video nos encontramos con lo que sucede luego de esa frustrada aventura. Pat llega a su casa junto a su hermano y otros amigos y el padre muestra estar bastante enojado y decepcionado. Evidentemente, el equipo que tenía que ganar no lo hizo. Irrumpe en la escena Tiffany, quien acude a reprocharle a Pat su ausencia (sí, lo que se dice “la dejó plantada”, acción que los guionistas de este tipo de películas utilizan de manera ya excesiva, agotadora y previsible) y en ese entonces el personaje representado por De Niro aprovecha para recriminarle y marcarle a su hijo que desde que él comenzó a salir con ella a su equipo no le va bien. Afirma haberle advertido que esto traería mala suerte e insiste con que siempre que él se ausentó  “Las Águilas” perdieron.

Existe una práctica en la que incurrimos con una alta frecuencia que consiste en recopilar ejemplos e información que favorezcan nuestras hipótesis. En nuestros razonamientos no tenemos, por lo general, la capacidad para recopilar todos los eventos que hemos observado y protagonizado para juzgar una creencia. Es decir, cada martes 13 solemos prestar atención a aquellos eventos desafortunados para poder decir “qué mala suerte, y claro, si es martes trece” pero no registramos aquellos eventos buenos que suceden o aquellos ejemplos que refutan la creencia de que ese día trae mala suerte. Si se nos cruza un gato negro y posteriormente vivimos alguna experiencia que no es de nuestro agrado le atribuimos al felino la desgracia, pero olvidamos la cantidad de veces (nos sorprenderíamos si supiéramos la GRAN cantidad de veces) en las que el pobre animal pasó y nada sucedió.

Este tipo de práctica tiene un nombre: sesgo de confirmación. Las cábalas funcionan básicamente bajo este tipo de sesgo, dado que afianzamos nuestras creencias por ellas cuando se obtiene lo buscado y/o esperado, pero no registramos (por voluntad propia o no) las veces en que falla.

En la película pareciera que Tiffany se la veía venir o que había leído sobre el tema hace poco. Por ello, y como muestra el video que dejo al final de este post, decide tomar toda la evidencia disponible (algo que el padre de Pat no ha hecho) para demostrar que alegarle a su presencia los malos resultados de un equipo que practica un deporte que nada tiene que ver con su existencia, además de ser una creencia sin sentido, está mal fundada.

En cierto momento el argumento de Tiffany pareciera irse para el otro lado, dado que además de afirmar que si Pat hubiera estado con ella entonces no se habría metido en problemas legales asegura que “tal vez” el equipo hubiera ganado, lo cual es falso. No importa, te perdonamos Jennifer.

El sesgo de confirmación dice presente constantemente en nuestras vidas cotidianas, como el ya mencionado sesgo de resultados. Cada vez que alguien utilice dentro de una afirmación sobre lo que le sucede la palabra “siempre” sospeche.

Al ser un razonamiento equivocado que parte de nuestras creencias o ideas previas es muy difícil detectarlo por cuenta propia, pero vale la pena hacer el esfuerzo: tal vez las mujeres no manejan peor que los hombres, y lo único que usted observó hasta el momento fue evidencia a favor de su sesgo de confirmación, o mejor dicho, a favor de su machismo.

 

PD: lo de Excelsior no importa.

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